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Tener un dolor crónico es una cruz. En mayor o en menor medida, trastoca la vida cotidiana de las personas que lo sufren. En los casos más severos, incluso, llega a impedir el desarrollo de una vida normal. Y lo peor es que este tipo de dolencia no tiene cura. No es difícil imaginar lo frustrante que puede llegar a ser eso. Sin embargo, sí que hay tratamientos que ayudan a aliviarlo y las terapias de calor son uno de ellos.

El uso del calor como forma de mitigar este problema no es una novedad. De hecho, se presenta como un remedio tradicional contra el dolor lumbar. Cuando se aplica el estímulo térmico, los vasos sanguíneos se dilatan y esto provoca que haya un mayor flujo de sangre en toda la zona, aportando oxígeno y nutrientes a las células dañadas y  eliminando los residuos que genera el organismo, como el ácido láctico.

Utilizar una crema de efecto calor, hasta tres veces al día en los casos más graves, es una terapia de calor válida por sus efectos sedantes y relajantes. Este tipo de producto se aplica sobre la piel mediante un masaje, lo que favorece que la dolencia desaparezca. También es muy útil en el dolor cervical y el dolor de espalda, uno de los males más molestos y extendidos entre la población. Alrededor de un 19% de españoles lo sufren.

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La artritis se combate con calor

El significado de la palabra artritis lo deja claro: artr (articulación), itis (inflamación). Esta enfermedad genera dolor, rigidez en las articulaciones y reduce la movilidad. Hay muchos tipos, pero la más común es la osteoartritis. Esta afecta, sobre todo, a las personas de mayor edad, que ven como su calidad de vida empeora.

En la actualidad no existe cura y por si fuera poco tiende a empeorar con el tiempo. Sin embargo, hay algunas acciones que evitan que eso ocurra. La principal es mantener la actividad física. El uso de una crema de efecto calor reduce el agarrotamiento que provoca la artritis y así es más fácil salir de la cama y mover el cuerpo. Hay que advertir de que los ejercicios físicos moderados en sí mismos no desgastarán las articulaciones sino todo lo contrario: las mantendrán fuertes y flexibles.

Para luchar contra la osteoartritis el frío y el calor son amigos que se llevan muy bien. Estas terapias que combinan diferentes sensaciones térmicas son muy provechosas para aliviar los síntomas.